domingo, 14 de agosto de 2011
QUE AL QUE LE CAIGA EL GUANTE QUE SE LO PLANTE.
sábado, 12 de febrero de 2011
MENTE DE UN PSICÓPATA
sábado, 5 de febrero de 2011
YO CON YO, YO CON TÚ, YO CON NADIE.
Esta es la historia de una vida sin personajes, nombres propios, o si quiera consonantes. Esta es la historia que tantos han vivido, pero pocos han logrado entender. Esta la historia de lo que fue, ya no es y condenadamente nunca podrá ser. Sí, esta es la historia de un desconocido, de un vago más, alguien menos a quien preparar. ¿Te parece conocido?¿Alguna vez lo has visto?. Él sí, incluso te manda saludos. Yo, bella caricatura, te quiere ver una vez más.
Estaba Yo esperando por Tú (un círculo vicioso, un egoísta círculo), incluso Yo no lo entendía, Usted siempre se lo reprochaba, y Quizás lo torturaba. Es que ese era el día, ese maldito día por el que todos esperamos, ese momento por el que Realidad moría, ese instante en el que todo vuelve a ser normal.
Tú acababa de llegar, incensato sentimiento el que se apoderó de Yo, ¿mariposas en el estómago?, creía que esa etapa estaba destruída, sí, superada, pero al parecer no.
-¿Sabes que te quiero?- respetía Tú una y otra vez. Yo recordaba que Ilusión le había dicho repetidamente que le creyera, pero Realidad decía que moriría si lo hacía.
-No lo sé- Contestaba Yo, al mismo tiempo que volvía a su cuarto con la imagén del misterioso suicida que le decía que Realidad tenía razón, que Ilusión se equivocaba, y sobre todo, que Muerte en verdad lo extrañaba. Yo escuchó por última ocasión, antes de decidirse de una vez por todas, la voz de Conciencia quien le enfatizaba que aquellas palabras sólo existían para disimular, porque en verdad Yo sabía, pero no quería confirmar.
-Bueno, al menos sabes que te soy fiel- Decía Tú, de manera desesperada esta vez. Pero Yo no dejaba de preguntarse si era verdadera fidelidad, y si lo era, ¿a quién?. A Ti, a Yo, a Usted, a Ideal, a Malo, a Bueno, a Quiero, a Sueño, a Puedo, a Realidad. ¿Fidelidad a quién?, a Él, a Ella, a Supongo, a Definitivamente, a Quizás, ¿a quién, maldita sea, a quién?.
-Es que son demasiadas cosas- Respondía Yo de manera un tanto descontrolada. La verdad era que Yo ya no sabía qué pensar, qué decir, qué decisión tomar. No sabía si continuar u olvidar, no sabía si seguir o avanzar, no sabía nada, sólo que Amor era más fuerte que Tú, que Ilusión sólo lo retenía, que Realidad lo ayudaba, y que siempre quiso sólo a una persona.
Yo no dijo nada más, sólo se paró de su asciento, dio media vuelta, y justo al abrir la puerta puso de nuevo su mirada en Tú y con esta le dijo adiós. Ya no le importaba nada aparte de Nadie, ya ni siquiera Amor vivía en su ser, ya se había cansado de ser mariposa porque tal véz por eso sólo viven dos semanas.
Ahora Yo sí disfrutaba un trago después de mucho tiempo -¡Salud!- decía-¡Salud por todo lo que me dejó de importar, salud por aquella bella insensibilidad, salud porque ya no me importa más, salud porque Tú, Él y Usted, ya no son nada en realidad!.
Derrepente Yo despertaba en su cuarto, se había caído, y varias marcas del alcohol permanecían en su cuerpo, pero sabía que no se debían a alegrias o a dichas, sino más bien a crueldad y sufrimiento, porque la tarde anterior había sido todo lo contrario a lo que desearía que fuera.
Y recordando palabras de Sabiduría en persona volvío a dormir con la esperanza de que aquello fuera verdad.
¿Se puede encotrar el amor verdadero cada dos meses?. Neeeh, no existe. ¿Se puede pensar si quiera en ello?. Neeeh, sería esngañarse. ¿Se puede al menos tener una esperanza?. Neeeeh, pierdes.
Yo y Él son uno sólo como el ying y el yang, igual que Yo con Ella, Yo con Usted, Yo con Ellos, Yo con Quizá, o Yo con Tal Véz. Yo con Yo, Yo con Tú, Yo con Nadie.
Catalina Rodríguez.
martes, 1 de febrero de 2011
CUENTAN LAS GRANDES HISTORIAS
De pequeños nos gustaba crear historias fantásticas, creer en los cuentos de hadas, incluso, ser fervientes creyentes de los finales felices. Pero cuando despiertas de aquel mundo inmerso en la imaginación, de ese universo totalmente paralelo en el que todo nos sale bien, los errores se corrigen, todo el mundo se perdona y el amor verdadero existe; sólo después de caerte de la cama, te das cuenta de que no somos nada sino poco más que la ilusión de lo que esperamos ser.
Hace ya bastante tiempo que el golpe vino, pero al parecer necesito otras cuantas caídas más del resto de colchones para poder llegar al guisante, y tal vez tras este, al firme suelo. Lo curioso del asunto es que nadie me ha dicho si la inevitable caída es por la mortífera gravedad, o porque el brazo que nos dió la mano tiende a botarnos. ¿por qué será que tras una hermosa velada damos vueltas y vueltas hasta que el espacio del colchón no es lo suficientemente grande como para sostener dos grandes egos?.
Cuentas las grandes historias de espectaculares literatos que el amor sí existe, pero que es egoísta y completamente natural. Pero yo, como soy un simple "escritor" con una pésima obra, digo que no; el amor verdadero no existe, porque esté no es egoísta y mucho menos natural.
Catalina Rodríguez.
domingo, 30 de enero de 2011
EN LA ESTACIÓN
Qué más da, si creer es un delito lo confieso, soy culpable, espero que no sea un cargo tan grande como para pasar eternas horas frente al televisor sin ver absolutamente nada por estar tratando de decifrar pensamientos. ¿o no?, ¿será peor?, ¿tendrá mayor condena?. Ojala que no, porque no quiero pasar un buen tiempo rompiendo papeles, borrando recuerdos y desechando sentimientos.-no no creo- a lo mejor lo único que tendré que pagar serán por un par de sueños rotos, no es mayor cosa. Pero, ¿qué tal si la ilusión es tal que termino sentada en un rincón esperando ser llamada, escuchada, o simplemente tomada en cuenta?. ¿seguiría siendo igual de interesante?. ¡Diablos!, tengo derecho a un abogado -¡no, corazón, no eres tú...hace tiempo que ya estás despedido!- ¿que tengo derecho a permanecer en silencio?, ¡creo que debió haber empezado por eso, señor alguacil!. Ah, claro, ahora todo lo que diga puede ser utilizado en mi contra, ¡genial!, con que acomodando todo a su favor. ¡SÍ, sí, quiero hacer esa condenada llamada! - Maldita sea, creo que debía haberla utilizado hace tiempo, depronto razón me hubiera advertido-.
martes, 18 de enero de 2011
Una oscura noche únicamente iluminada por las siempre sonrientes estrellas, Dreiden jugaba con su mente inmerso en su propia y maléfica oscuridad. No era que quisiera pasar inadvertido todo se debía en su mayoría a que su naturaleza no lo dejaba ser, pero no sabía qué más podría lograr mirando al techo de su habitación y torturándose a sí mismo con el borrado y vuelto a escribir recuerdo, una y otra vez, jurando que al siguiente día lo dejaría ir por fin, pero teniendo siempre presente que era lo último que le quedaba de ese tan maravilloso ser.
Las nubes ahora corrían como cómplices en una tortura previamente planificada, dejando ver a su paso aquella Luna que tanto la recordaba. Al parecer se equivocaba, esos bellos rayos, en pleno resplandor, que no se podían tapar con un pulgar y mucho menos al cerrar los ojos, pero que tenían ese tacto cálido de la única luz para aquel ser un tanto desalmado que se hacía llamar yo interior, sí la hacía presente una y otra vez. Adoraba las noches como esas, adoraba ser y a la vez no ser, adoraba su simbolismo, sus risas esporádicas, su humor irónico y poco planificado, adoraba su tez, su ser, su bien, adoraba su alma, sus ojos y su cabellera oscura pero lisa y escurridisa como la misma agua. Pero paradógicamente, adoraba con mayor intensidad, su mal...o al menos eso pensaba.
Dreiden ahora reía, no con sentido del humor, reía sarcásticamente. -Como a ella tanto le gustaba- pensó en el mismo momento que sus dientes formaron parte de sus labios en curva, pero volvieron a su sitio de microsegundos de diferencia.
-ah claro, ahora es cuando mis propios demonios me atormentan-repetía una y otra vez-y recuerdo aquellas frases absurdas que tanto la caracterizaban-ahora Dreiden sí reía, y con ganas, tal y como lo había hecho unas cuantas horas antes.
-bella noche para morir, como destinada en el mismo momento en que se puso en el enorme firmamento y mi madre me parió.-tomó un poco de vino que tenía a su lado y prosiguió-oh! Clarissa, como si supieras lo que iba a terminar haciendo.
Unas horas antes, Dreiden ya había clavado en su humilde corazón una pequeña daga, tal y como los verdaderos románticos lo recomendaban. Y no sólo eso, sino que también había preparado su exquisito y codiciado coctel de muerte con el que, aunque no planeada sustancia, concluiría su esperada velada. Porque como buen compañero sentimental, también sería el cómplice esperado de toda bella mujer a la hora de partir.
Esperaría hasta la medianoche, un minuto para tomarlo y concluir como historia digna de ser contada al final. Y aunque su fama no fuera pura, o al menos real, sí sería efímera en el mundo mortal, pero su alma gemela, media naranja, destino, como quisieran llamarla, esperaría al otro lado de la línea con los brazos abiertos, pecho cubierto en sangre, y rostro pálido para dar el toque final a aquel relato de incógnitas en el cual el único se sabía su verdadera naturaleza era él.
-Uno, dos, tres- Dreiden alzó su copa, la bebió hasta el fondo y dio por terminada la tortura en su propio interior. Unos segundo después su mano cayó frente a la nota que tanto había querido mostrar al mundo:
Mientras las palabras del ser más inteligete del mundo fueron escuchadas por una criada que no pudo ni entender en traducción, las mías serán consisas, y que aquel digno de entenderlas comprenderlas podrá, porque aunque el mundo gire alrededor, un ser superior ha de mirar en retrospectiva y también voltear.
nózaroc sóida, oñirac sóidA. Onimret adiv imnoc oserop, selicáf soter sol natsug emon ím A.
jueves, 6 de enero de 2011
ambos luz pero una sola oscuridad
mira al cielo muy brillante,
mira al sol poca paz.
El destino os ha separado,
pero el eclipse ha de llegar,
Luna Sol o Sol Luna,
un pequeño lapso de felicidad.
Basta ya de soslayos tarde,
o de temprano un segundo encontrar,
ingenuas miradas, ingreíble,
nunca han de bastar.
Crean puertas,
buscan llaves,
mandan mensajes entre lugares.
Y aunque bello resplandor contienen
o inpensables misterios lleven,
ni uno ni otra verán
aquellos rayos incensatos
que la distancia,
en su caja infinita de recuerdos,
en forma de dos mortales,
ha de bajo llave encerrar.
Catalina Rodríguez
martes, 28 de septiembre de 2010

Alex se movió a mi lado, al parecer lo había despertado, y no sólo eso, ¡se estaba burlando de mí!
-¿De nuevo tratando de salir corriendo por la ventana? Si lo que querías era sólo pasar un buen rato, al menos deja una propina para poder pagar la habitación.
Sus dientes resplandecían con los pocos rayos de luz que se podían colar por la ventana, y sus labios formaban una sonrisa burlona en medio de aquel rostro perfecto.
Eran esas pequeñas bromas una de las cosas que más adoraba de él, sin mencionar que era el único que había podido captar mis comentarios sarcásticos a la primera.
Nos besamos por un buen tiempo hasta que su celular sonó. Al principio lo dejó, pero como no paraba decidió contestar.
-¿Hola?
Hubo un silencio incómodo y su cara cambió de inmediato.
Ahora se paraba de la cama y se iba al baño. ¿Qué estaba sucediendo?, de nuevo evitaba mirarme mientras caminaba. Cerró la puerta y pude escuchar su voz decir que no le era posible hacer algo, antes de que abriera la llave de la ducha, pero, ¿qué?.
De nuevo con los pies en la tierra miré a mi alrededor, había una panadería cerca, pero era mejor estar más lejos que tan sólo unos metros del hotel, por lo comencé a caminar.

-Lo siento, n-o h-a-b-l-o i-t-a-l-i-a-n-o.
-Oh- su cara quedó inexpresiva, se notaba que no hallaba qué hacer en aquel momento, así que sólo me dejó la carta en la mesa.
Una sonrisa se asomó a mi rostro, era divertido estar completamente aislada de todos, pero casi de inmediato volvió a mí la escena ocurrida en el hotel, haciendo que el sudor empezara a emanar de mi frente.
Me levanté del asiento, no tenía caso, no entendía nada de lo que decía la carta, así que compré un cigarrillo y me marché del establecimiento después de prenderlo.
Pude escuchar las campanas de la iglesia del lado, campanas que me remontaban a tiempos de antaño donde mi madre me llevaba de pequeña a alguna celebración, campanas que en aquella situación me recordaron que ya había estado fuera demasiado tiempo. ¡Genial!, ahora tendría que inventarme alguna historia para explicar mi ausencia.
El cigarro se desvanecía, pero mi mente trabajaba aún más deprisa. Ya hacía dos años que había pasado lo mismo: recibía llamadas inesperadas a las que siempre respondía con un secretismos infernal y evitaba mi mirada al hablar, sin mencionar que mantenía siempre su celular fuera de mi alcance. Sí, lo sé, son estupideces la verdad, estupideces que al principio sólo parecían eso y las tomé como tal, pero no lo estaría diciendo ahora mismo si no fuera por una verdadera razón.
Durante una noche de otoño en la que había recibido varias llamadas, creyéndome dormida tal vez, contestó una de esas. No dijo nada en particular o sospechoso, por lo que olvidé el asunto y me quedé dormida demasiado pronto (strike uno), la verdad ya estaba acostumbrada (strike dos), al fin y al cabo nada podía suceder (strike tres, y fuera). Al amanecer, junto a mí, no encontré nada o nadie, a excepción de una pequeña nota con su letra: “No te preocupes, llegaré pronto”. Al parecer su pronto tenía un significado nada parecido al mío. La verdad pasaron días, semanas, tras de aquello meses, y justo antes de que mis esperanzas desaparecieran volvió.
Ya estaba frente al hotel, demasiado pronto para mi gusto, pero ya no tenía caso dar media vuelta y tener que regresar de nuevo. Aún permanecía el aroma dulzón de hacía un tiempo, pero la atmósfera era distinta: ya no se respiraba la tranquilidad de cuando salí, incluso, se podía escuchar entre sollozos los gritos de una mujer desesperada, y alguien del personal dando órdenes que no pude apreciar.
Justo cuando entré al vestíbulo se cerraron las puertas y quedé dentro, atrapada como los demás. La verdad no entendía para nada la escena y aunque muchos trataron de explicárm
ela, no captaba ni pizca de lo que decían. Por más que lo intentara sólo lograba presenciar terror y confusión, nada común para mi ambiente, pero cuando estaba a punto de perder los estribos Alex aparece bajando las escaleras. Su reacción fue inmediata, se abalanzó sobre mí y me abrazó. Creo que pudo ver la confusión en mis ojos y los mil interrogantes que estaba a punto de lanzarle como bombas, porque me respondió de inmediato sin haber pronunciado una palabra.
-Hay un asesino en el hotel.
martes, 20 de julio de 2010
Desde las celdas de mi incapacidad
Mirar al techo de la infinita bóveda es más bien mi única distracción. Es soñar con poder traspasar estas invisibles y aunque tangibles paredes, por desgracia, sólo para unos pocos, o conformarme con la asquerosa realidad del cotidiano vivir, convirtiéndome, por lo tanto, en aquello que tanto he luchado por erradicar: alguien más del montón.
La verdad es que muchos me han repetido una y otra vez que la vida es lo que queremos hacer de ella y que si caemos debemos, sino es que tenemos, que levant
Es así como con el paso del tiempo llegaría a sentirme igual que un preso vestido a cuadros color morado y naranja, que aunque trata con todas sus fuerzas de convertirse en blanco
Tan bajo hemos caído que hasta los verdaderos pensadores de nuestra época, porque les ha toca vivir en esta, no tienen el valor suficiente de salir y decir que la tierra es redonda, que somos nosotros quienes giramos alrededor del sol, que podemos llegar al otro lado del mundo tanto por el este como por el oeste, o que simplemente queremos hacer cumplir un sueño; porque tan pronto alguien intenta hacerlo, y aunque el resto del mundo sea completamente consciente de que es necesario y verídico, no recibirá más que criticas, abucheos y hasta encierros, sólo, “porque así lo manda la ley”.
¿Cómo lo sé?, porque yo he querido ir contra la corriente del río, no porque tuviera un complejo y no quisiera seguir al resto, sino porque sé que en su cauce no está la solución de lo que vivimos, porque he sido uno de esos bailarines que muchas veces se han quitado la venda y vuelto a ponérsela por la presión de sus compañeros, porque soy uno de esos que por más que intenta cambiar el trayecto de las cosas y se ha levantado un millón de veces, no ha podido hacer nada sin el apoyo de la tan ignorante y malcriada sociedad.
Es aquí, desde las celdas de mi propia incapacidad, que mi historia se comienza a redactar.
Catalina Rodríguez
viernes, 2 de julio de 2010
EL FIN O EL INICIO
Miraba al techo, sentía como cada gota de sangre salía de mi interior, no era que quisiera acabar con mi vida, solamente que no estaba lista para seguir luchando por ella.
Unos minutos antes me encontraba parada al lado de la ventada viendo a través del cristal a un grupo de chicas pasar por allí con su tan conocida mirada de coqueteo, moviendo
su cabello y riendo como tontas para hacerse notar frente a los chicos. De repente, comenzó a llover, era tan bello poder ver como las gotas de agua caían, y así reflejar, en un simple momento, todo lo que sentía hasta entonces. Pude ver como el grupo de chicos corría en busca de un lugar donde no mojarse, ¿por qué les era tan repulsiva el agua?. Cuánto no daría yo por estar allí afuera y disfrutar de aquel momento.
Todo había sucedido tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar de otra manera más que la con la aceptación. En ese instante pude escuchar cómo la puerta se abría de par en par dando paso a aquel personaje, atrapándome a la vez solamente en sus ojos intensamente llenos de odio y amor a la vez, con una mirada profundamente amenazadora mientras caminaba rápidamente hacia mí. No le temía, sabía lo que venía a hacer y también sabía, que no podía hacer nada para detenerlo. Me miró a los ojos, acarició mis mejillas y justo en ese momento atravesó mi cuerpo con un cuchillo. Vi como sus lágrimas se deslizaban por su cara, caí al suelo instantáneamente y dejé que la felicidad me embargara, ya hacía bastante que esperaba algo como esto y nadie se había dado el lujo de darme el gusto.
Miraba el techo mientras él daba los últimos pasos hacia la puerta, - Te amo –le dije, volteó instantáneamente y pude ver en sus ojos un atisbo de duda, durante esos segundos en los que le estaba dando fin
a mi vida nunca vi ni siquiera un poco, sí, desesperación tal vez sí, pero nunca duda; es curioso ver como unas simples palabras pueden significar tanto para algunas personas. Sonreí para mis adentros, definitivamente había disfrutado mi última broma en vida, mi última mentira en honor a quien había tenido la valentía de ponerle fin a mis días, mi última estrategia para permanecer en sus pensamientos cada vez que algo le recordara mi nombre o el hecho de morir o de matar, mi última obra con cordura. No supe qué fue lo hizo, sólo escuche un fuerte golpe y pasos acelerados bajando las escaleras.
Pero todo eso ya no importaba, todo lo humano, todo lo mortal como lo era yo, ya no importaba, lo sentía, era poco lo que faltaba para morir, sólo me quedaban fuerzas para cerrar los ojos, ya que lo que más esperaba de la muerte, era eso, el fin, no una segunda vida a la que tantos aspiran.
Catalina Rodríguez.
lunes, 26 de abril de 2010
¿Amor?
uceden y nosotros las queremos interpretar de aquella manera? ¿Serán frases sin sentido lo que a diario escuchamos? ¿Serán verdaderas corazonadas del momento o sólo frases repetidas premeditadas? ¿Será amor lo que no vemos y nuestro ser, por más reprimido que este, desea ver? Recuerda visitar nuestra sección de Cuentos Cortos para ver publicaciones anteriores.
lunes, 19 de abril de 2010
Algún Día
Juro que algún día me despertaré y tiraré todo a la basura, juro que algún día no habrá quien me detenga e impida mis locuras, juro que algún día todo valdrá la pena, que podré hacer lo que se me venga en gana, que todo lo que he hecho cobrará sentido y que nada de lo que me digan me importará. Juro que algún día lloverá en dirección al cielo, no sólo porque yo lo quiera, sino porque muchas personas así lo desean, juro que algún día saldré de la rutina y tomaré las riendas de mi propio destino.

No sé si creer en señales, o en buena o mala suerte, o en simples consejos, pero hay algo que tengo claro, cada quien sabe para donde va. Si algún día la vida deja de ponerme obstáculos en el camino me aburriré, pero también, si algún día, la vida me lo deja libre, saltaré de la emoción. No sólo se quiere resaltar, sino que también disfrutar, no sólo se quiere trazar, sino que también protagonizar, no sólo se quiere despertar, sino que también olvidar, pero sobre todo, no sólo se quiere sonreír, sino que también llorar. La vida es un río de emociones, cada quien decide que sentir, cada quien decide qué significado tomarle, si seguirle la cuerda o ir contra ella.
Juro que algún día abriré mis ojos en la mañana, miraré hacia el cielo, me daré cuenta que tengo todo un nuevo día en el que vivir; pero mientras tanto, andaré por ahí, buscando lo que no se me ha perdido y mirando alrededor, con la esperanza, de que alguien note que estoy allí.
Catalina Rodríguez.
Recuerda visitar nuestra sección de Cuentos Cortos para ver publicaciones anteriores.
lunes, 12 de abril de 2010
¿Estupidez o naturaleza?
¿Estupidez o naturaleza?
A veces, cuando tenemos todo lo que alguna vez soñamos, nos damos cuenta de que eran simplemente sueños sin sentido, sin camino a recorrer en el futuro o que en realidad nos trajeran felicidad….a veces, cuando salen a la luz esos pensamientos que nos dicen que nos hace falta mucho camino por recorrer, es cuando miramos hacia el frente y sabemos que no todo es lo que parece y que siempre que trazamos una meta y la cumplimos, en menos de un segundo debemos trazar otra, porque la vida no nos dejará nunca estar felices con lo que tenemos o lo que alcanzamos…algunas veces, simplemente desperdiciamos nuestras vidas buscando objetivos que nunca lograremos, echando a la basura momentos que nunca se recuperaran o que en algún momento de nuestra vida nos hubieran traído memorias inolvidables y satisfactorias. Pero así es la vida, así de desdichada e insolente, así de cínica y mentirosa, que cuando menos esperas que un contratiempo suceda BAM! Allí está; nunca nos deja tranquilos porque nunca está satisfecha con nuestro trabajo.
Un día alguien me pregunto -¿si murieras en este momento estarías feliz con lo que has hecho?- la verdad, nunca supe darle una respuesta, porque cuando salía un recuerdo a la luz de algo bueno que hubiera hecho, de algo que me hubiera traído felicidad, o de algo que hubiera hecho sacar unas palabras de alivio de mi boca, al instante relucían otros recuerdos de los que me avergonzaba, esos recuerdos que siempre hemos querido borrar pero que nunca lo hemos logrado, aquellos que cada vez que creemos están enterrados en lo mas hondo de nuestras almas brotan como las plantas, no para hacernos aprender de ellos, sino para restregárnoslos en cara.
¿Por qué las personas somos así de masoquistas?, ¿por qué siempre que no logramos algo, simplemente levantamos la cabeza, reímos un poco, limpiamos el polvo que que
do en nuestros pantalones al haber caído al suelo y terminamos diciendo -bueno, en la próxima será, por algo tuvo que pasar-? ¿Por qué simplemente no podemos quedarnos allí por unos instantes, disfrutar de la comunidad del suelo y sólo cuando queramos levantarnos hacerlo? ¿es acaso estupidez o naturaleza? Les tengo la respuesta, es simple, porque somos humanos, porque sabemos que los errores están en nuestro diario vivir, porque sabemos que aunque nunca vamos a estar satisfechos hay algo que nos impulsa a hacer las cosas de una mejor manera, porque cada vez que vemos un espectáculo de luces artificiales creemos que podemos llegar al cielo y buscarle la respuesta a todo, porque simple y llanamente QUEREMOS VER QUÉ HAY ADELANTE.